Conocido entre los chilangos como “ese pueblo hippie que está cerca de Cuernavaca” y por ser el lugar de donde son las Tepoznieves, Tepoztlán es ciertamente un lugar muy interesante. Más allá de la mística que le ponen el cerro del Tepozteco y las leyendas (o verdades, no me consta) sobre la concentración de energía, los ovnis y demás especímenes dignos del Semanario de lo Insólito, lo cierto es que Tepoz tiene ahora un encanto menos esotérico pero no por eso menos atractivo.

A sólo cien kilómetros del Distrito Federal, a través de una autopista y una carretera que no presentan mayores contratiempos, Tepoztlán es un gran destino para ir de visita un día o para quedarse un fin de semana. Como plus, la oferta de lugares para hospedarse en Tepoz es amplia y en últimas fechas los hoteles spa se han multiplicado. Lugares como La Buena Vibra, La Posada del Tepozteco y el Hostal de la Luz tienen una buena carta de masajes y faciales, además del tradicional temazcal (que algunas personas, entre las que no me cuento, encuentran altamente relajante). Ahora, si el presupuesto es más reducido o la decisión de quedarse fue espontánea, el centro del pueblo está lleno de hostales con bonitas instalaciones, ahí si les debo los nombres pero basta con caminar algunas cuadras alrededor del zócalo para encontrar una muy amplia variedad. Y bueno, si tienen ganas de un tipo de hospedaje diferente, siempre pueden probar el Tubohotel que, como su nombre lo indica, tiene habitaciones adentro de tubos de concreto gigantes.

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