Conocido entre los chilangos como “ese pueblo hippie que está cerca de Cuernavaca” y por ser el lugar de donde son las Tepoznieves, Tepoztlán es ciertamente un lugar muy interesante. Más allá de la mística que le ponen el cerro del Tepozteco y las leyendas (o verdades, no me consta) sobre la concentración de energía, los ovnis y demás especímenes dignos del Semanario de lo Insólito, lo cierto es que Tepoz tiene ahora un encanto menos esotérico pero no por eso menos atractivo.

A sólo cien kilómetros del Distrito Federal, a través de una autopista y una carretera que no presentan mayores contratiempos, Tepoztlán es un gran destino para ir de visita un día o para quedarse un fin de semana. Como plus, la oferta de lugares para hospedarse en Tepoz es amplia y en últimas fechas los hoteles spa se han multiplicado. Lugares como La Buena Vibra, La Posada del Tepozteco y el Hostal de la Luz tienen una buena carta de masajes y faciales, además del tradicional temazcal (que algunas personas, entre las que no me cuento, encuentran altamente relajante). Ahora, si el presupuesto es más reducido o la decisión de quedarse fue espontánea, el centro del pueblo está lleno de hostales con bonitas instalaciones, ahí si les debo los nombres pero basta con caminar algunas cuadras alrededor del zócalo para encontrar una muy amplia variedad. Y bueno, si tienen ganas de un tipo de hospedaje diferente, siempre pueden probar el Tubohotel que, como su nombre lo indica, tiene habitaciones adentro de tubos de concreto gigantes.

En materia gastronómica tengo la firme convicción de que en Tepoztlán viven de venderse quesadillas unos a otros. En el mercado que se pone en el zócalo los fines de semana uno puede encontrar una amplia variedad de…quesadillas. Eso sí, muy ricas, baratas y de todo: de masa azul o de masa blanca, rellenas de huitlacoche, chapulines, setas, nopales y casi cualquier guisado. Entre tantos puestos es difícil elegir uno. Mi favorito es “Isabel”, los guisados son buenos, tienen quesadilla de chapulines (no todos tienen), el servicio es amable y hace unos años tenían pegada en la puerta del refri una foto de dos fulanos que decía “se buscan por infieles”, ahí se ganaron mi corazón. Además, en casi todos los puestos venden tacos de cecina (de Yecapixtla of course) y unas cosas que se llaman itacates, que son como gorditas triangulares a las que les ponen crema y queso, no soy muy fan. Como sugerencia, no acompañes tus quesadillas con los refrescos que venden en los puestecitos porque hay algo mucho mejor. En el centro del mercado hay un puesto de jugos donde además de hacer todas las combinaciones imaginables venden aguas frescas. El agua verde de alfalfa, piña y guayaba no tiene desperdicio.

Para la hora de la comida o si uno está más en ánimo de restaurantes, Tepoz tiene una oferta limitada pero buena. En primer lugar está el súper tradicional El Ciruelo de comida mexicana contemporánea que compensa su ambiente elitista (que en Tepoz significa señoras nice usando huipil) con una vista espectacular del cerro, un chile relleno de jaiba y un salmón a la mantequilla de perejil deliciosos. Menos conocido pero también buenísimo es Las Marionas, que está ya fuera del centro y donde preparan uno de los mejores filetes a la pimienta verde que he probado en la vida. Si la onda es más casual en el calle que lleva hacia el cerro del Tepozteco (5 de mayo) está la Fonda los Colorines donde hacen una gran sopa de lentejas y tortitas de ejote, colorín y otras cosas. Ahora, si uno no tiene ganas de comida mexicana, en la calle Isabel la Católica está La Diferencia, donde venden ensaladas, fondues, baguettes y sopas. Creo que de ahí he probado casi toda la carta (o sea, como diez platillos) y todo es buenísimo. Para la hora del café está el café Los Buenos Tiempos, sobre avenida revolución y el Cacao, donde además venden chocolates, pasteles gordísimos y unas vajillas muy padres. Del primero recomiendo el té chai que hasta donde recuerdo no es de polvo ni de sobre sino que lo mezclan ellos mismos, del segundo el chocolate Oaxaca frappé.

En el plano alcohólico y salidor Tepoz es un lugar extraño. Hasta ahora todavía no me he encontrado un bar con buena barra, buena música y que cierre hasta tarde (después de la una), aunque en últimas fechas se han abierto por el zócalo algunas mezcalerías como El Chupirul o la Casa Mandala que tienen una oferta respetable de mezcales y chelas. Eso sí, esperen precios del D.F. Y aunque está prohibido beber en la vía pública, camino hacia el Tepozteco uno puede encontrar muchos puestos que venden micheladas, cheladas y jarritos locos para ir tomando en el camino. Pero la verdadera joya etílica de Tepoz es el pulque. Aunque en el pueblo hay dos o tres pulquerías los buenos son los del “señor del estacionamiento”. Se pone en dos locaciones diferentes (dos estacionamientos) así que lo mejor es preguntar llegando. El curado de mango o el de guayaba son mágicos. Literal.

Para salir en la noche Tepoz tiene una única opción pero que vale la pena vivir como experiencia al menos una vez: El Telón. Hotel, centro cultural, centro de espectáculos (sí, como el Premiere) y pizzería es el rey indiscutible -no sólo de Tepoz también de los alrededores- para bailar salsa, cumbia y merengue. La concurrencia es mixta, empieza tarde y el zapateo no defrauda.

Por último, Tepoztlán es un gran lugar para practicar el mexicanísimo “chachareo”. El mercado de artesanías que se pone sobre avenida revolución tiene una amplia variedad de ropa (toda hippiosa pero si uno tiene buen ojo encuentras cosas padres), joyas y cosas para la casa. Mis puestos favoritos son el de Horacio, que vende “dos pares de aretes por cincuenta pesos” y el de las chicas de al lado, que venden joyería de mejor calidad y buen diseño. Sus aretes y collares tipo art nouveau y piedras semi preciosas son muy bonitos. En cuanto a las tiendas vale la pena echar un vistazo a Santa Fe (adivinaron! Sobre avenida Revolución) que vende artesanía mexicana original y moderna y algunas cosas de joyería muy padres, a las dos tienditas que abrieron hace poco, cuyo nombre no recuerdo y que están en la esquina de avenida Revolución y Guadalupe Rojas donde venden ropa y cosas para la casa hechas por artesanos morelenses (se pueden hacer vajillas y manteles increíbles sobre pedido) y a Soleado, una tienda de diseño que está sobre Ignacio Zaragoza, muy cerca del Ciruelo. En todas las tiendas aceptan tarjeta de crédito pero todavía no llegamos a esa modernidad donde los puestos del mercado tienen terminal, así que lleva efectivo.

Ya sea que en verdad planees subir el Tepozteco (en realidad, fuera de los últimos metros no es muy complicado. Siéntete humillado cuando veas a la viejita nonagenaria subirlo como si fueran las escaleras de su casa o cuando te pase la muchacha en tacones que fue ahí a dominguear), que estés de humor para irte de escapada de fin de semana o sólo tengas ganas de hacer algo diferente el sábado Tepoz es una gran opción con buenas opciones para escapar del “mundanal ruido”. Menikmati

P.D. Como tip adicional huye de los fines de semana de Carnaval como huirías de esa tía que te abraza de más y huele a pachuli.

Escrito por @Pauletta_Sofia